De la experiencia al compromiso: Fiorella Buzzeta reflexionó sobre las amenzas a centros educativos
En el marco de la reciente convocatoria de la ANEP a una acción colectiva frente a las amenazas en centros educativos; la voz de Fiorella Buzzeta adquiere una relevancia particular. Su participación en esta instancia está profundamente atravesada por su historia personal: fue víctima de un hecho de violencia dentro de un centro educativo en 2004, una experiencia que hoy resignifica desde su rol público.
30 de abril de 2026
Buzzeta, que estuvo presente en la conferencia de prensa de la ANEP y que está comprometida con el tema debido a su historia de vida, explicó que las noticias recientes despertaron en ella emociones que creía superadas: «La sensación que me vino fue como miedo en el cuerpo; sentí nuevamente ese miedo que yo pensé que estaba olvidado», afirmó. Ese temor, señaló, no es únicamente individual, sino que refleja una preocupación más amplia: «Sentí el miedo de los padres, de las madres, de los profesores y también de los alumnos de ir a un centro educativo y encontrarte en riesgo».
En ese sentido, advirtió sobre la falta de información que existe en las nuevas generaciones respecto a su antecedente, que fue el único que ocurrió en el país: «Muchos de los adolescentes de hoy no conocen que hubo un caso en Uruguay, que existió y que es real, que tiene nombre y apellido», expresó. Para Buzzeta, esta ausencia de memoria, sumada a dinámicas actuales, puede generar situaciones preocupantes: «Los chiquilines empiezan algo como una broma, pero eso se va contagiando; por ello es necesario prestarle atención».
Desde su perspectiva, la violencia en los centros educativos no puede analizarse como un fenómeno aislado: «La manifestación de violencia en los centros educativos no tiene que ver con los adolescentes, tiene que ver con la violencia que vivimos en nuestra sociedad», sostuvo. En esa línea, valoró que el sistema educativo actúe de forma articulada: «Esto que sucedió hoy —refiriendose al trabajo colectivo remarcado en la conferencia de prensa— es muy importante, es mostrar a todo el sistema educativo juntos combatiendo una realidad».
A su vez, enfatizó la necesidad de incorporar la voz de los propios estudiantes en la construcción de respuestas: «Hay que ir a escucharlos a ellos y a ellas, porque son los que tienen la clave para saber por dónde avanzar», afirmó. También destacó que existen iniciativas impulsadas por jóvenes: «Ya se organizaron un montón de chiquilines combatiendo este discurso de odio, quienes incluso promueven mensajes como: «la educación pública es necesario cuidarla», y “nosotros queremos sentirnos seguros”».
Otro de los ejes centrales de su reflexión está relacionado con el proceso personal que atravesó a partir de su experiencia. «Lo que me sucedió me generó mucho dolor, mucha bronca, mucho resentimiento», recordó. Sin embargo, con el tiempo logró resignificar ese camino: «Lo que yo hice a lo largo de los años fue transformar ese dolor en amor y en acción». Actualmente, desde su rol político, busca proyectar esa transformación hacia la sociedad: «Hoy lo quiero volcar a la ciudadanía desde el amor y desde el entendimiento de que lo que tenemos que transformar es la sociedad».
En ese sentido, planteó una mirada que apuesta a la construcción colectiva frente a respuestas basadas en el enfrentamiento: «Lo que yo busco es transformar esos dolores en una acción positiva».
En su mensaje final, Buzzeta planteó que el contexto actual también representa una oportunidad. «Tenemos una oportunidad de poner el tema en agenda», afirmó, haciendo referencia al miedo que atraviesa hoy a la sociedad. Para ella, ese miedo puede ser resignificado: «Poder vernos juntos, mirarnos a la cara y decir: unámonos por una causa común».
Finalmente, dirigió un mensaje a estudiantes, familias y comunidad educativa en general, destacando la importancia del acompañamiento: «Es muy importante la participación de las familias en el proceso de acompañar estos miedos». En particular, subrayó la necesidad de contener a las adolescencias en un momento donde las emociones se intensifican, para así «acompañar esos procesos y transformar el dolor en acción».