Solidaridad, compromiso y empatía: estudiantes de UTU juntaron 30.000 tapitas y diseñaron una rampa para un centro educativo
Como parte de su tesis de egreso, alumnos de la Escuela Superior de Comercio de Villa Muñoz elaboraron este dispositivo de movilidad a partir de materiales reciclables, mezclando los conceptos de accesibilidad con sustentabilidad ambiental.
5 de enero de 2026
Este proyecto surgió de una tarea de clase cuya temática era identificar las necesidades del centro de estudios y una de ellas era la accesibilidad, motivo por el cual este grupo de estudiantes, encabezado por Rodrigo Madeira, Augusto Gallo, Faustina Fernández, Yesica Arévalo y Victoria Otazo, decidió fabricar una rampa para la escuela.
Los estudiantes se encontraron con la información de que el edificio de la Escuela Superior de Comercio de Villa Muñoz está sujeto a la ley de patrimonio cultural y, por lo tanto, su fachada no puede ser modificada, por lo que dicha rampa tuvo otro destino.
Gracias a un contacto personal de Madeira, conocieron la historia de Priscilla, una niña de doce años con parálisis cerebral motriz, que tenía dificultades para asistir a clases en su silla de ruedas, ya que su centro educativo, la Escuela Nº 290 Alfredo Zitarrosa, no contaba con una rampa de acceso y, por ende, no podía concurrir con asiduidad.
Por este motivo, los alumnos emprendieron la tarea de fabricar este dispositivo como parte de su trabajo final de grado y presentaron el proyecto a dicha escuela, que desde el comienzo brindó su apoyo, siempre con la premisa de contar con un referente en la materia que guiara cada etapa de la construcción.
Así fue como contactaron al arquitecto Luciano Carreño, docente del Instituto de Enseñanza de la Construcción (IEC) de UTU, y al doctor en Arquitectura Daniel Godoy, de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, con quienes definieron el diseño para construir la rampa.
Además, recibieron el apoyo de la iniciativa ecológica Circula, que gestiona residuos reciclables y elabora placas de plástico súper resistentes a partir de tapitas de botella; de esta manera surgió la idea de trabajar con este material.
No obstante, realizaron pruebas en el LATU para comprobar la fiabilidad del producto y en el Instituto de Ensayos de Materiales (IEM) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República, contando con el apoyo del arquitecto Godoy en todas las etapas del proceso.
Para financiar el proyecto, realizaron rifas, vendieron comida y organizaron eventos. También juntaron tapitas en sus hogares, comercios del barrio, centros educativos, trabajos y puntos de acopio, como el Museo Dámaso Antonio Larrañaga, recaudando un total de 30.000 tapitas, equivalente a 120 kg.
Finalmente, la rampa fue instalada en una jornada de gran satisfacción para el grupo de estudiantes y todos los que participaron en su construcción, donde Rodrigo Madeira, estudiante que lideró el proyecto, manifestó: “Para nosotros, como grupo, lo más importante y lo que representó nuestro motor para continuar con este proyecto pese a las dificultades, fue ayudar a Priscilla e intentar darle la posibilidad de asistir todos los días a la escuela”, aseguró.